lunes, 2 de marzo de 2015

'La empatía y el respeto importan tanto como los buenos resultados'



Sus catorce años de trayectoria salieron del anonimato hace unos meses cuando César Bona apareció como el único candidato español al Global Teacher Prize, bautizado ya como el Nobel de la educación. El foco mediático se posó entonces sobre este profesor zaragozano de 42 años que un día tuvo la brillante idea de materializar eso de que, en educación, "el factor humano es mucho más importante que meter datos en la cabeza".

Salido de su clase de 5ºB en el colegio Puerta de Sancho de Zaragoza, Bona se plantó ayer ante las 1.500 personas que abarrotaron el Auditòrium de Palma en la celebración del 10º aniversario de la escoleta de Asima. Flanqueado por un globo terráqueo y un portátil rojo, el profesor desgranó los secretos de una metodología que, aunque trazada a vuelapluma y con altas dosis de improvisación reconocida, le ha convertido en una celebridad en su gremio.

El gran pilar es ése: "La empatía y el respeto importan tanto como los buenos resultados". Una lección que a él, "como maestro que no lo sabe todo", le llegó pronto. Primero en aquel colegio en el que aterrizó y en el que 20 de 24 alumnos eran de etnia gitana. O en aquella escuela unitaria de Bureta con sólo seis niños y en la que dos no se hablaban por la rivalidad de sus familias. "¿Qué sentido tiene que sepan sobre Historia si no se llevan bien entre ellos? Si no saben relacionarse con los demás", plantea.

Su amistad comedida con los libros de texto crea mil estratagemas para impartir el temario de Lengua o de Ciencias. El rodaje de películas mudas, protectoras de animales virtuales, proyectos de investigación con la tercera edad. "Los niños no tienen opción de cambiar de trabajo y se van a pasar como mínimo diez o doce años en el colegio. Así que hay que hacer que se sientan cómodos en las aulas", planteó.

La comodidad, en sus seis mandamientos docentes, pasa por conocer el contexto en el que da clase. Por deshollinar el tubo que conecta al adulto que somos con el niño que fuimos. Por implicar a los alumnos y hacerles sentir que ellos también pueden cambiar la sociedad. "Lograr que se sientan importantes, darles protagonismo, es la clave", destacó César Bona. El profesor rechazó la idea de tratar a los niños como "pseudoadultos" y de dejar la curiosidad y la creatividad fuera del aula. Y recordó que sobre su pizarra el primer día de clase escribe, como un mantra, No pain, no gain. Sin esfuerzo, no hay recompensa.

En su travesía de docencia humana e innovadora, Bona reconoció la necesidad de firmeza y perseverancia para desarrollar un método que puede resultar "difícil" en el entorno educativo. Así, señaló la obligación de incorporar las emociones no sólo al interior de las aulas, sino a la propia formación de los docentes. Su plan de estudios ideal tendría una asignatura en primero sobre gestión de emociones, para continuar un curso después con cómo enseñar a gestionarlas. "No entiendo que no se estimule la comunicación oral, no sólo para dar conferencias, sino para expresar las emociones", aseguró.

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