jueves, 26 de marzo de 2015

Hablar con los hijos (y que me entiendan)

Hace poco tuve la posibilidad de trabajar con una mamá sinceramente preocupada por su hija… aunque la inquietud parecía relacionarse con lo escolar, la verdadera preocupación era todo lo que estaba por debajo; los aspectos más íntimos y más emocionales. Según fuimos trabajando e indagando encontramos dificultades muy serias en la comunicación que estaban mediando en la relación entre esos padres y esa niña. Insisto en que los padres estaban realmente preocupados y habían puesto en marcha muchísimas estrategias y muchos recursos para afrontar la situación, pero no era suficiente. Pesaba demasiado un estilo comunicativo negativo, una ansiedad por la información que la niña podía proporcionarle que enturbiaba los intentos de su hija por acercarse a ella… la mamá buscaba lo que creía que debía saber, y su hija le transmitía lo que más importante era para ella… pero eso no era bastante para entenderse.

Hoy te quiero acercar aquí algunas maneras de romper estas barreras que a veces se crean cuando hablamos con los niños ¿preparados?

Antes de nada es importante estar seguros de que es el lugar y el momento…. aunque para algunos el coche puede ser un momento estupendo para intercambiar datos del día, muchos niños se sienten inseguros si tienen que hablar a una persona que va delante, que no puede mirar hacia ellos y que además está haciendo otra cosa. La mayoría de los niños acaban mirando por la ventana y contestando sin pensar…

Si son ellos los que necesitan hablar, lo ideal es atenderlos en ese momento. Si realmente no puede ser (“realmente” quiere decir que debe ser algo muy excepcional negar la necesidad de hablar a tus hijos) explícale que debe esperar a que acabes de (….) y aprovecha para ir abriendo boca o sugiere una actividad alternativa para realizar cerca de ti y que no pierda el interés. No contestes con “ahora no”, “déjame un poco ” o similares….

También es importante el cómo. Estar cortando zanahorias en la cocina e intentar hablar con el niño cuando viene a beber agua, no suele dar buen resultado. Mejor buscar un momento en que los dos esteis conectados, te puedas poner a su altura y le estés mirando a los ojos. (Por supuesto, televisión fuera).

Haz preguntas más concretas. “¿Qué tal en el cole?” supone que un niño deberá concentrar todo lo ocurrido, al menos, de nueve a dos: que en el autobús no se ha podido sentar con su amigo, que la clase de matemáticas ha estado genial porque están usando un nuevo método para sumar, que en el recreo le han pisado el bocadillo y que en flauta no podía tapar los agujeros con los dedos… ¿solución?… un lánguido “bieeeeen”. Es mejor preguntar “¿qué ha sido lo más divertido que has hecho hoy?” o “¿qué ha pasado en el parque con Amiguísimo?”

Como a cualquier otra persona, los niños necesitan saber que están siendo atendidos, escuchados, y no sólo oídos. Necesitan retroalimentación: asentimientos con la cabeza, alguna pregunta corta para confirmar lo que estamos oyendo, una sonrisa….vaya, lo que a todos nos gusta que nos dediquen cuando estamos contando algo.

Evita interrumpirle “¿Y tú que hiciste?” y mucho menos, juzgarle “pero ¿cómo se te ocurre responder así a la profesora?”. Es posible que sientas esa necesidad bien porque se “enreda” en su discurso, bien porque tengas ganas de llegar al final. Respira, anota mentalmente lo que quieras saber y pregúntalo después, incluso de varias maneras distintas. Respeta su ritmo.

No le completes cuando habla. No le termines las frases. No inventes posibilidades. No hables por él.

Respeta sus gustos. Posiblemente, tú necesitas saber si aquel niño enorme que le empujó en el patio ha vuelto a meterse con él, pero esa es tu necesidad. La suya puede ser contarte que el cromo número 37, Caracortada, es tan difícil de encontrar que nadie lo tiene todavía (y que sería genial que se lo consiguieras). Y sus necesidades debes respetarlas.

En ocasiones necesitará tu ayuda: describe su conducta. No cómo se siente. No corrijas, no juzgues, no supongas. Describe lo que está haciendo: “estás diciendo que Enemiguísimo se juntó con Amiguísimo y tú te fuiste a dar patadas a la portería ¿Qué pasó después?

Beatriz es maestra de Educación Infantil y especialista en Audición y Lenguaje, además de psicóloga.

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