domingo, 28 de junio de 2015
jueves, 28 de mayo de 2015
jueves, 14 de mayo de 2015
Juego en familia.
Lo que me gusta de ti es…
No sé en qué momento ocurrió, pero sucedió. En décimas de segundos pasamos de estar compartiendo una cálida y entrañable cena en familia a estallar la tercera guerra mundial y encontrarme en medio de dos bandos claramente diferenciados y sin capacidad de maniobra.
Por un lado mi hijo Carlos haciendo de rabiar a su hermana con palabras algunas de ellas hirientes; en frente, mi hija Covi gritando e intentando contener su ira sin éxito ninguno ya que se levantó de la mesa para atizar a su hermano mayor a sabiendas que si cumplía su objetivo saldría claramente perdiendo.
Nosotros, los mayores, observando como el que observa un partido de tenis. Yo, particularmente, ejercitando mi paciencia recordando mentalmente TODAS Y CADA UNA de las palabras que escribí en ¿Tienes paciencia con tu hijo?
¡Qué difícil resulta en ocasiones! ¿Verdad?
Pues bien, en ese preciso instante de la cena en el que todo se iba a echar a perder e íbamos a terminar los cuatro como el rosario de la aurora, se me encendió la bombillita y se me ocurrió poner en práctica uno de los ejercicios que aprendí con AEIOU coaching para papás y mamás. Cierto es que este “juego” estaba diseñado para momentos especiales en el que todos estamos en sintonía y armonía. Pero a mí que me gusta improvisar, experimentar y como soy un poco transgresora, decidí ponerlo en práctica en ese preciso momento. ¡Zas! Como si fuese un electro-shock. De lleno. ¿Qué podía perder?
¡Chicos! ¡Silencio! Os propongo un juego.
La palabra “juego” para los niños es como para nosotros un “Te voy a duplicar el sueldo”. De repente dejas de hacer lo que estás haciendo, abres los ojos todo lo que puedes, fijas tu atención en la persona que te lo ha dicho y esperas ansiosa a que continúe hablando.
Los dos enmudecieron.
Primer paso conseguido- Pensé rápidamente.
Vamos a hacer un juego que se llama: La rueda de reconocimientos.
Continuaba manteniendo bastante bien su atención pero era consciente que o me explicaba con contundencia, claridad y en pocos segundos, o se perderían nuevamente en su particular batalla campal.
Vamos a centrarnos todos en Covi. Vamos a respirar profundo y vamos a pensar en las cosas bonitas que tiene y que nos gustan: Covi, lo que me gusta de ti es que eres… muy cariñosa– le dije mientras acariciaba dulcemente su pelo.
lo que me gusta de tiInmediatamente el gesto de mi hija cambió. Soltó el trozo de pan que tenía en la mano y que pretendía lanzar y todos los músculos de su cuerpo se relajaron, empezando por su expresión facial.
Covi, lo que me gusta de ti es que siempre sonríes. – le dijo Javi.
Su cara se iluminó más aún. En su cabecita debería estar pensando: ¿Pero que les pasa hoy a los mayores que en lugar de reñirme me dicen estas cosas?
Venga, Carlos, ahora te toca a ti jugar. Dile algo bonito a tu hermana.
Misteriosamente y para nuestro asombro Carlitos se enganchó enseguida y dijo:
Covi, lo que me gusta de ti es que sales a jugar conmigo a la urbanización.
Casi me emociono cuando escuché sus palabras de reconocimiento a su hermana pequeña agradeciendo su compañía para ayudarle a superar su timidez.
En ese momento la sonrisa de mi hija no podía iluminar más la casa.
Hija, lo que me gusta de ti es tu valentía y tu fuerza.
Ella bromeando levantó sus brazos, intentando lucir bíceps y apretando sus puños como si fuera una famosa culturista.
Los cuatro rompimos en una sonora carcajada que aún ahora mismo, minutos antes de acostarme, escucho.
Y así, reconociéndonos unos a otros, terminamos de cenar.
El postre fue un verdadero regalo cuando me tocó a mí recibir los reconocimientos y escuchar atentamente todo lo que tenían que decir mis hijos de mí… Me quedo con la primera frase: Mamá, lo que más me gusta de ti es que SIEMPRE estás.
Siempre estoy… Breve, corta, pero directa al alma.
No sé en qué momento ocurrió, pero sucedió. En décimas de segundos pasamos de estar compartiendo una cálida y entrañable cena en familia a estallar la tercera guerra mundial y encontrarme en medio de dos bandos claramente diferenciados y sin capacidad de maniobra.
Por un lado mi hijo Carlos haciendo de rabiar a su hermana con palabras algunas de ellas hirientes; en frente, mi hija Covi gritando e intentando contener su ira sin éxito ninguno ya que se levantó de la mesa para atizar a su hermano mayor a sabiendas que si cumplía su objetivo saldría claramente perdiendo.
Nosotros, los mayores, observando como el que observa un partido de tenis. Yo, particularmente, ejercitando mi paciencia recordando mentalmente TODAS Y CADA UNA de las palabras que escribí en ¿Tienes paciencia con tu hijo?
¡Qué difícil resulta en ocasiones! ¿Verdad?
Pues bien, en ese preciso instante de la cena en el que todo se iba a echar a perder e íbamos a terminar los cuatro como el rosario de la aurora, se me encendió la bombillita y se me ocurrió poner en práctica uno de los ejercicios que aprendí con AEIOU coaching para papás y mamás. Cierto es que este “juego” estaba diseñado para momentos especiales en el que todos estamos en sintonía y armonía. Pero a mí que me gusta improvisar, experimentar y como soy un poco transgresora, decidí ponerlo en práctica en ese preciso momento. ¡Zas! Como si fuese un electro-shock. De lleno. ¿Qué podía perder?
¡Chicos! ¡Silencio! Os propongo un juego.
La palabra “juego” para los niños es como para nosotros un “Te voy a duplicar el sueldo”. De repente dejas de hacer lo que estás haciendo, abres los ojos todo lo que puedes, fijas tu atención en la persona que te lo ha dicho y esperas ansiosa a que continúe hablando.
Los dos enmudecieron.
Primer paso conseguido- Pensé rápidamente.
Vamos a hacer un juego que se llama: La rueda de reconocimientos.
Continuaba manteniendo bastante bien su atención pero era consciente que o me explicaba con contundencia, claridad y en pocos segundos, o se perderían nuevamente en su particular batalla campal.
Vamos a centrarnos todos en Covi. Vamos a respirar profundo y vamos a pensar en las cosas bonitas que tiene y que nos gustan: Covi, lo que me gusta de ti es que eres… muy cariñosa– le dije mientras acariciaba dulcemente su pelo.
lo que me gusta de tiInmediatamente el gesto de mi hija cambió. Soltó el trozo de pan que tenía en la mano y que pretendía lanzar y todos los músculos de su cuerpo se relajaron, empezando por su expresión facial.
Covi, lo que me gusta de ti es que siempre sonríes. – le dijo Javi.
Su cara se iluminó más aún. En su cabecita debería estar pensando: ¿Pero que les pasa hoy a los mayores que en lugar de reñirme me dicen estas cosas?
Venga, Carlos, ahora te toca a ti jugar. Dile algo bonito a tu hermana.
Misteriosamente y para nuestro asombro Carlitos se enganchó enseguida y dijo:
Covi, lo que me gusta de ti es que sales a jugar conmigo a la urbanización.
Casi me emociono cuando escuché sus palabras de reconocimiento a su hermana pequeña agradeciendo su compañía para ayudarle a superar su timidez.
En ese momento la sonrisa de mi hija no podía iluminar más la casa.
Hija, lo que me gusta de ti es tu valentía y tu fuerza.
Ella bromeando levantó sus brazos, intentando lucir bíceps y apretando sus puños como si fuera una famosa culturista.
Los cuatro rompimos en una sonora carcajada que aún ahora mismo, minutos antes de acostarme, escucho.
Y así, reconociéndonos unos a otros, terminamos de cenar.
El postre fue un verdadero regalo cuando me tocó a mí recibir los reconocimientos y escuchar atentamente todo lo que tenían que decir mis hijos de mí… Me quedo con la primera frase: Mamá, lo que más me gusta de ti es que SIEMPRE estás.
Siempre estoy… Breve, corta, pero directa al alma.
martes, 21 de abril de 2015
jueves, 16 de abril de 2015
Pautas para propiciar un buen uso de las nuevas tecnologías.
Cuando yo era adolescente (y dejadme que crea que de eso no hace tanto), al llegar a mi casa dejaba el mundo detrás de la puerta.
A día de hoy, el mundo se abre en cuanto los adolescentes cruzan la puerta de su habitación. Si no hay supervisión ni conocimiento por parte de los padres de lo que ocurre dentro de esas cuatro paredes, tus hijos pueden llegar a correr graves peligros.
Unimos a eso que algunos de ellos, incluso a edades en las que no deberían, llevan el mundo a cuestas en sus mochilas. No hablo de armas de destrucción masiva: hablo de artilugios que ya forman parte de nuestras vidas, como móviles, tabletas y ordenadores.
Ni siquiera necesitan un escritorio o cables para esta conectados: basta con meter la mano en el bolsillo, teclear con los dedos y tienen acceso a lo que les apetezca en esos momentos.
El problema es que, a veces, desde la inmadurez y la falta de control, lo que le apetece al ser humano no es justamente lo que más le conviene.
Es labor de los adultos transmitir los valores necesarios y aplicar las medidas pertinentes para que los jóvenes adquieran el juicio suficiente que les permita hacer un buen uso de las nuevas tecnologías.
La adicción a las nuevas tecnologías
Suele ser consulta habitual la siguiente observación: “Cuando no es el móvil es la tableta; cuando no es la tableta es el ordenador y, cuando no es el ordenador, es la videoconsola. Está todo el día enganchado” (a veces, paradójicamente, los padres me lo sueltan mientras trastean con sus móviles).
En esos momentos suelo arquear las cejas, con mirada cómplice, y los padres lo entienden a la perfección. Nuestra generación de jóvenes es la más tecnológica de toda la historia de la humanidad. El problema no es el uso de la tecnología en sí, progreso con el que estoy totalmente de acuerdo, sino la mala utilización que se hace de ella.
Ésta puede acarrear infinidad de problemas en niños y adolescentes: adicción, dependencia, descuido de sus obligaciones o incluso llegar a ser víctimas de acoso o ser ellos los mismos acosadores.
Si desconoces términos como ciberbullying, sexting, grooming o hacking, entre otros, tu hijo e incluso tú corréis grave peligro al navegar por la red. Éstas son “las cuatro –ing” de las que Pere Cervantes y Oliver Tauste hablan en su magnífico y útil libro Tranki papás.
Puede que en estos momentos te estremezcas al pensar que tu hijo pueda llegar a ser víctima de algún tipo de acoso o abuso a través de la red, pero debo advertirte de que también puede ser él quien incurra en estas actividades delictivas.
Por ello se hace necesario educar en ciertos valores desde la primera infancia. Hace falta que se eduque a los niños desde muy pequeños en el respeto hacia todo ser humano, en la humildad, en la aceptación del otro y en la tolerancia.
En caso de que tu hijo sea víctima algún día, sería muy conveniente haber propiciado un clima de confianza para que te lo pueda llegar a contar y tomes las medidas necesarias.
Prevenir hoy es invertir en el mañana. Toda precaución en la red es poca; transmítele que no se fíe de desconocidos y que nunca facilite información o fotografías comprometedoras o de carácter personal.
Debes advertirle en todo momento sobre el mal uso de las cámaras en los dispositivos con conexión. Educar en el manejo de la intimidad y la privacidad puede ahorrarte algún que otro susto. La norma es: sólo pueden publicar aquello que puedan enseñarte sin ningún reparo. Ante todo, transmite a tu hijo una filosofía de vida que le puede ser de mucha utilidad en la red: no hagas nada a través de internet que no harías en tu vida real o que no te gustaría que hicieran contigo -no robar, no husmear y no invadir la intimidad ajena-.
No pretendo ser alarmista; no hay cosa que deteste más. Pero sí creo que debemos tomar conciencia de que nuestros jóvenes corren cierto peligro si no hacen un buen uso de lo que tienen entre sus manos.
¿Cuándo empezar a educarles en el buen uso de las tecnologías?
- Da información sobre las ventajas y desventajas de navegar por la red.
- Establece horarios de conexión.
- Ubica el ordenador en un espacio común o en un punto visible de su habitación.
- La conexión por parte de menores de 16 años siempre será supervisada por un adulto.
- Debes tener conocimiento de sus claves y contraseñas (si es menor de 16 años).
- Instala herramientas informáticas de protección (control parental) que propicien una conexión segura.
En caso de que se incumplan o se haga un mal uso del dispositivo, le será retirado. Lo anterior es aplicable a todo aquel dispositivo que tenga conexión a internet, incluyendo ordenadores, tabletas y videoconsolas.
Su educación siempre debe ir encaminada a un uso responsable de cualquier tipo de dispositivo con conexión. Te recomiendo que las normas y los límites queden claros antes de que tengan acceso a estos aparatos. Si se los das sin haber establecido esa especie de contrato previo, te será muy difícil ejercer la autoridad si surgen dificultades o malos usos.
Debes ser consciente en todo momento del uso que tu hijo hace de sus dispositivos. Debes limitar el gasto mensual y el tiempo de uso; sólo así tu hijo aprenderá el valor de lo que tiene y no caerá en conductas dependientes que puedan propiciar una adicción o que le hagan descuidar sus obligaciones diarias.
Te recomiendo que tu hijo no tenga el móvil en uso las 24 horas del día. Enséñale a desconectar (haz tú lo mismo; si no, pierdes toda autoridad en este terreno. Educa en el ejemplo). Deben saber que hay momentos en que el móvil o la tableta no tienen cabida: en la mesa cuando se come o cena, por ejemplo.
Debes insistir en ese uso responsable. Hazle ver que no debe usar el móvil siempre y para todo. Siempre que puedas, supervisa el material gráfico que tu hijo pueda estar subiendo a la red o compartiendo desde su teléfono.
A día de hoy, el mundo se abre en cuanto los adolescentes cruzan la puerta de su habitación. Si no hay supervisión ni conocimiento por parte de los padres de lo que ocurre dentro de esas cuatro paredes, tus hijos pueden llegar a correr graves peligros.
Unimos a eso que algunos de ellos, incluso a edades en las que no deberían, llevan el mundo a cuestas en sus mochilas. No hablo de armas de destrucción masiva: hablo de artilugios que ya forman parte de nuestras vidas, como móviles, tabletas y ordenadores.
Ni siquiera necesitan un escritorio o cables para esta conectados: basta con meter la mano en el bolsillo, teclear con los dedos y tienen acceso a lo que les apetezca en esos momentos.
El problema es que, a veces, desde la inmadurez y la falta de control, lo que le apetece al ser humano no es justamente lo que más le conviene.
Es labor de los adultos transmitir los valores necesarios y aplicar las medidas pertinentes para que los jóvenes adquieran el juicio suficiente que les permita hacer un buen uso de las nuevas tecnologías.
La adicción a las nuevas tecnologías
Suele ser consulta habitual la siguiente observación: “Cuando no es el móvil es la tableta; cuando no es la tableta es el ordenador y, cuando no es el ordenador, es la videoconsola. Está todo el día enganchado” (a veces, paradójicamente, los padres me lo sueltan mientras trastean con sus móviles).
En esos momentos suelo arquear las cejas, con mirada cómplice, y los padres lo entienden a la perfección. Nuestra generación de jóvenes es la más tecnológica de toda la historia de la humanidad. El problema no es el uso de la tecnología en sí, progreso con el que estoy totalmente de acuerdo, sino la mala utilización que se hace de ella.
Ésta puede acarrear infinidad de problemas en niños y adolescentes: adicción, dependencia, descuido de sus obligaciones o incluso llegar a ser víctimas de acoso o ser ellos los mismos acosadores.
Si desconoces términos como ciberbullying, sexting, grooming o hacking, entre otros, tu hijo e incluso tú corréis grave peligro al navegar por la red. Éstas son “las cuatro –ing” de las que Pere Cervantes y Oliver Tauste hablan en su magnífico y útil libro Tranki papás.
Puede que en estos momentos te estremezcas al pensar que tu hijo pueda llegar a ser víctima de algún tipo de acoso o abuso a través de la red, pero debo advertirte de que también puede ser él quien incurra en estas actividades delictivas.
Por ello se hace necesario educar en ciertos valores desde la primera infancia. Hace falta que se eduque a los niños desde muy pequeños en el respeto hacia todo ser humano, en la humildad, en la aceptación del otro y en la tolerancia.
En caso de que tu hijo sea víctima algún día, sería muy conveniente haber propiciado un clima de confianza para que te lo pueda llegar a contar y tomes las medidas necesarias.
Prevenir hoy es invertir en el mañana. Toda precaución en la red es poca; transmítele que no se fíe de desconocidos y que nunca facilite información o fotografías comprometedoras o de carácter personal.
Debes advertirle en todo momento sobre el mal uso de las cámaras en los dispositivos con conexión. Educar en el manejo de la intimidad y la privacidad puede ahorrarte algún que otro susto. La norma es: sólo pueden publicar aquello que puedan enseñarte sin ningún reparo. Ante todo, transmite a tu hijo una filosofía de vida que le puede ser de mucha utilidad en la red: no hagas nada a través de internet que no harías en tu vida real o que no te gustaría que hicieran contigo -no robar, no husmear y no invadir la intimidad ajena-.
No pretendo ser alarmista; no hay cosa que deteste más. Pero sí creo que debemos tomar conciencia de que nuestros jóvenes corren cierto peligro si no hacen un buen uso de lo que tienen entre sus manos.
¿Cuándo empezar a educarles en el buen uso de las tecnologías?
- Da información sobre las ventajas y desventajas de navegar por la red.
- Establece horarios de conexión.
- Ubica el ordenador en un espacio común o en un punto visible de su habitación.
- La conexión por parte de menores de 16 años siempre será supervisada por un adulto.
- Debes tener conocimiento de sus claves y contraseñas (si es menor de 16 años).
- Instala herramientas informáticas de protección (control parental) que propicien una conexión segura.
En caso de que se incumplan o se haga un mal uso del dispositivo, le será retirado. Lo anterior es aplicable a todo aquel dispositivo que tenga conexión a internet, incluyendo ordenadores, tabletas y videoconsolas.
Su educación siempre debe ir encaminada a un uso responsable de cualquier tipo de dispositivo con conexión. Te recomiendo que las normas y los límites queden claros antes de que tengan acceso a estos aparatos. Si se los das sin haber establecido esa especie de contrato previo, te será muy difícil ejercer la autoridad si surgen dificultades o malos usos.
Debes ser consciente en todo momento del uso que tu hijo hace de sus dispositivos. Debes limitar el gasto mensual y el tiempo de uso; sólo así tu hijo aprenderá el valor de lo que tiene y no caerá en conductas dependientes que puedan propiciar una adicción o que le hagan descuidar sus obligaciones diarias.
Te recomiendo que tu hijo no tenga el móvil en uso las 24 horas del día. Enséñale a desconectar (haz tú lo mismo; si no, pierdes toda autoridad en este terreno. Educa en el ejemplo). Deben saber que hay momentos en que el móvil o la tableta no tienen cabida: en la mesa cuando se come o cena, por ejemplo.
Debes insistir en ese uso responsable. Hazle ver que no debe usar el móvil siempre y para todo. Siempre que puedas, supervisa el material gráfico que tu hijo pueda estar subiendo a la red o compartiendo desde su teléfono.
miércoles, 15 de abril de 2015
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